Power hour: lo que nadie te dice del hábito más poderoso de las personas exitosas

Si aún no sabes cómo iniciar tus días para ser más productivo, ¿por qué no aplicar el concepto de la Power Hour? (al final no tienes nada que perder y mucho que ganar)

Cortesía: Getty Images.

La Hora de Poder o Power Hour es un concepto que leemos mucho en libros que te dicen cómo mejorar tu productividad y que es un hábito que sólo las personas realmente exitosas llevan a cabo como una estructura inquebrantable que les ha ayudado a llegar a donde están, pero ¿qué tan difícil es llevarlo a cabo? Así como lo aprendimos de la rutina matutina de Erling Haaland, las primeras horas de nuestro día son las que dictan el desenvolvimiento de las siguientes, antes de si quiera revisar tu correo o mensajes, reservar los primeros 60 minutos para comenzar tu día de manera lenta y poco a poco.

Libros como el de Adrienne Herbert Power Hour: How to Focus on Your Goals and Create a Life You Love, o El Club de las 5 a.m. de Robin Sharma plantean este principio de maneras muy similares, mientras que Sharma propone comenzar el día sí o sí a las cinco de la mañana y dividir esta primera hora mediante la llamada fórmula del 20/20/20, Herbet invita a que esta primera hora se enfoque únicamente a objetivos personales o de bienestar antes que las distracciones comiencen a competir por nuestra atención. A esto, hace algunos años, también se le conocía como la técnica de slow mornings.

¿Tienes qué levantarte a las cinco de la mañana todos los días?

Según Sharma, sí. Levantarse a las cinco de la mañana forma parte de su método, pero llevarlo a la práctica requiero mucho más que programar una simple alarma. Todos podemos poner el despertador a las 05:00 a.m. y prometernos que esta vez sí vamos a levantarnos; también podemos apagarlo, decir “cinco minutos más” y descubrir, una hora después, que seguimos en la cama. El problema no está en la hora en sí, sino en pretender que un cambio de rutina puede sostenerse sin preparar el resto de nuestros hábitos. Dormir lo suficiente, establecer horarios relativamente constantes y reducir aquello que puede interferir con el descanso son parte de la estructura que permite despertar temprano y realmente sentirse bien al hacerlo. Si eres principiante, intentar replicar de golpe una rutina tan exigente puede terminar convirtiendo la Power Hour en otra obligación, por lo que la flexibilidad probablemente sea tu mejor aliada. Si también leíste Hábitos Atómicos, puedes pensar en ella como uno de esos pequeños cambios del 1%: no necesitas transformar tus mañanas de un día para otro, sino empezar con algo que puedas sostener y construir sobre ello poco a poco.

La estructura de Sharma propone 20 minutos de movimiento, 20 minutos de reflexión y 20 minutos de aprendizaje. Esta fórmula puede funcionar como una guía para quien quiere comenzar una Power Hour, pero no sabe cómo organizar esa primera hora del día. La propuesta de Herbert, en cambio, parte de una idea aún más flexible en la que esa primera hora del día se trata de hacer algo deliberadamente elegido por ti antes de comenzar a reaccionar ante todo lo que ocurre a tu alrededor. La hora no depende de una hora específica del reloj ni exige una secuencia determinada, lo importante es únicamente reservar un espacio protegido para aquello que quieres hacer y que, de otra manera, probablemente terminaría siendo desplazado por los pendientes del día.

Por eso no existe una lista obligatoria de actividades ni es indispensable levantarse a las cinco de la mañana para poner en práctica una Power Hour. Puedes hacer ejercicio, leer, escribir, meditar, estudiar, trabajar en un proyecto personal o simplemente sentarte a planear el día., lo que importa es que durante ese periodo seas tú quien decide qué merece tu atención, antes de que el resto del mundo empiece a decidirlo por ti.

Cortesía: TrueCreatives.

Lo que nadie te dice sobre la Power Hour y cómo ponerla en práctica

Una rutina matutina puede ser una herramienta poderosa, pero también puede convertirse fácilmente en otra prueba de productividad. La Power Hour no debería transformarse en una competencia por levantarte cada vez más temprano ni en una lista interminable de hábitos que tienes que completar antes del desayuno. Si la idea de reservar una hora para ti termina generándote ansiedad porque no logras cumplirla todos los días, ya perdió gran parte de su propósito.

Empecemos por aclarar que no necesitas dormir menos para ganar una hora. Si levantarte más temprano significa sacrificar horas de sueño, estás intercambiando una necesidad básica por una rutina que, en teoría, debería ayudarte a sentirte mejor. La Power Hour puede comenzar a las 5:00, 6:00, 7:00 o incluso más tarde. Lo importante no es la hora que marca el reloj, sino encontrar un momento que sea compatible con tu descanso, tu ritmo de vida y tus responsabilidades.

Tampoco tiene que ser una hora perfectamente productiva, la productividad como la entendemos es “ser mejor en el trabajo” o “sacar pendientes del trabajo u obligaciones personales”. Leer una novela, caminar sin el teléfono, tomar café en silencio, escribir algunas páginas o simplemente sentarte a pensar es exactamente lo que necesitas, no un to-do list más, recuerda que el objetivo no es convertir cada minuto de la mañana en rendimiento, sino recuperar la capacidad de elegir cómo quieres comenzar tu día.

 

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Si volvemos a citar el libro de Hábitos Atómicos, los cambios que realmente permanecen suelen construirse poco a poco. Si nunca has tenido una rutina de este tipo, no necesitas empezar con 60 minutos; puedes empezar con 20 o 40 minutos, encontrar qué funciona para ti y construir desde ahí pequeños avances que cuentan como el 1%.

Antes de si quiera poner una alarma a las 04:30 a.m. conviene preguntarte qué quieres obtener de ese espacio y qué actividad tendría un impacto real en tu día. Realiza una lista de no más de cinco actividades que podrías hacer durante esta hora de poder como: aprender un nuevo idioma, hacer ejercicio, meditar o practicar journaling. Después recuerda que una fórmula asertiva de comenzar es la que propone Robin Sharma, reparte las actividades en bloques de 20 minutos cada una y asegúrate de incluir alguna que nutra tanto tu cuerpo como tu mente, siempre estos objetivos deben contribuir a objetivos personales.

Esta estructura es una guía, no una regla. Si quisieras, también puedes utilizar los 60 minutos para una sola cosa. Si estas estudiando un idioma o desarrollando una idea que llevas meses posponiendo, una hora de concentración pura sin interrupciones puede ser más valiosa que intentar cumplir cinco hábitos diferentes sólo porque forman parte de una rutina popular. Al final, la clave está en que la actividad responda a una prioridad real y no a una lista de cosas que crees que deberías estar haciendo.

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¿La Power Hour realmente te hace más exitoso?

No. Al menos no de la manera en que suelen venderse este tipo de rutinas. Levantarte a las cinco de la mañana, hacer ejercicio durante 20 minutos y leer otros 20 no va a convertirte automáticamente en una persona más rica, más exitosa o más productiva. Tampoco existe una hora mágica del día capaz de garantizar que cumplas tus metas, lo que sí puede cambiar es la manera en la que llegas al resto de tu día y, con el tiempo, la forma en la que respondes a sus estímulos.

El principal beneficio de la Power Hour no está en levantarte temprano, sino en crear un espacio deliberado antes de entrar en modo reactivo. Cuando empiezas el día contestando mensajes, revisando correos, resolviendo pendientes y atendiendo las necesidades de otras personas, tu atención queda condicionada desde los primeros minutos por estímulos externos. En cambio, cuando reservas un periodo para moverte, aprender, escribir, leer o simplemente organizar tus pensamientos, practicas el dirigir voluntariamente tu atención en algo aún más valioso que tachar una lista de pendientes.

Actividades como el ejercicio, el aprendizaje, la práctica de una habilidad, la lectura o los ejercicios de atención implican procesos de adaptación neuronal. La neuroplasticidad es, en términos sencillos, la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizar sus conexiones en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y el entorno. No significa que una Power Hour vaya a “reprogramar” tu cerebro en una mañana, pero sí que las actividades que realizas de manera constante pueden contribuir a mantener un cerebro activo y a fortalecer procesos relacionados con el aprendizaje, la memoria, la atención y la adaptación. Esto también puede influir en la manera en que enfrentamos el estrés cotidiano y no, no es que después de una semana de poner en marcha la técnicadejes de estresarte, sino que puedes estar practicando habilidades que ayudan a responder con mayor conciencia en lugar de reaccionar automáticamente ante cada estímulo. Con la práctica, el objetivo no es eliminar el estrés, sino ampliar el espacio entre lo que sucede y la manera en que decides responder.


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